Sobre el Evangelio de hoy Jn. 11, 17-27


Caravaggio, La resurrección de Lázaro, 1609. Museo nacional de Mesina, Italia.


La Fe de Santa Marta, más grande que la de Abraham. 

Marta I

Es conocidísima la muy paradójica historia de Marta y María en Lc. 10, 38-42. María no hace nada más que escuchar atentamente al Señor y es felicitada. Marta, la dueña de casa y la que da la bienvenida al Señor, trabaja duramente y se ocupa de las cosas concretas y cotidianas, para recibir como premio por su trabajo, un dulce reto de Jesús, por medio de unas palabras que a nuestra civilización voluntarista y activista, sin duda pueden resultar chocantes.

Pero si nos detenemos en el final del pasaje del Evangelio de San Lucas, notaremos algo que en principio puede parecer sorprendente.

Luego de recibir la muy difícilmente comprensible reprimenda del Señor, y dado que el texto bíblico no agrega nada más, podemos hacer la especulación siguiente, fundada en lo que aparece más tarde en el tiempo y en otro Evangelio, el de San Juan.

Marta II

En el dramático pasaje del Evangelio de hoy, vemos a Marta salir decidida al encuentro de Jesús, luego de haber oído que llegaba.

Y lanza la primera estocada amorosa al Corazón del Señor: 

Si hubieras estado aquí Señor, mi hermano no habría muerto.

Y luego.

Pero yo sé que lo que pidas, Dios te lo concederá.

Dios hecho Hombre responde:

Tu hermano resucitará.

Marta se vale de sus conocimientos para replicar:

Sé que resucitará en la resurrección del último día.

Jesús responde:

Yo soy la Resurrección y la Vida. Quien cree en Mí, aunque muera, vivirá y quien vive y cree en Mí, no morirá para siempre. ¿Lo crees?

Comentario:

Por lo que dice el texto del Evangelio de San Juan y por el tono del diálogo, tal vez no estaría nada mal suponer que a esta altura ya se vislumbra un notabilísimo cambio en el sentido de un evidente crecimiento en Marta II, con respecto a Marta I.  

Su respuesta lo confirma:

Sí Señor. Yo creo que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, El que había de venir al mundo.

Y de esto que dijo se infiere el sentido del título de la presente reflexión.

Primero:

Marta iguala a Pedro al confesar a Jesús como Mesías e Hijo de Dios.

Segundo:

Marta supera por un campo la Fe de Abraham.

Por una razón:

Abraham creyó en el Señor, antes de que se consumara la muerte de su hijo Isaac.

Marta creyó en la resurrección de un muerto de cuatro días.

Que apestaba.

¿Qué pudo haber pasado entonces en el intervalo que separa a Marta I de Marta II?

Lo primero que podemos pensar es que luego de haber recibido aquella ya muy lejana reprimenda, Marta la aceptó y la asimiló sin rencor.

Otra cosa que podemos suponer es que no sintió envidia ante el elogio de su hermana.

También podemos pensar que Marta, tal vez siguiendo con su propia vocación activa y no renunciando a la misma (a sí misma), es la que sale al encuentro del Señor ante la muerte de su hermano, mientras María se quedó en la casa…

Simplemente creció con sus propios recursos, sin haber perdido el tiempo en estorbar/molestar y sobre todo, sin poner piedras en el camino.

A nadie.


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