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Mostrando entradas de marzo, 2026
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  La Pasión de Nuestro Señor Jesucrito según San Agustín de Hipona. La Pasión de nuestro Señor y Salvador Jesucristo es para nosotros un ejemplo de paciencia, a la vez que de confianza para alcanzar la gloria. ¿Qué cosa no pueden esperar de la Gracia de Dios los corazones de los fieles? Por el bien de ellos, el Hijo único de Dios y coeterno con el Padre consideró poco el nacer como hombre de hombre, pues hasta sufrió la muerte de manos de hombres que fueron creados por Él. Gran cosa es lo que el Señor promete realizar en el futuro, pero mucho mayor es lo que recordamos ya hecho por nosotros. ¿Dónde estaban o qué eran ellos cuando Cristo murió por los impíos? (Rm, 5, 6)  ¿Quién duda de que Él ha de donar Su Vida a los santos, si les regaló incluso su muerte? ¿Por qué vacila la fragilidad humana a la hora de creer que será una realidad que los hombres vivan algún día en compañía de Dios? Mucho más increíble es lo que ya ha tenido lugar: Dios ha muerto por los hombre...
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 Domingo de Ramos.
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Comentario de San Agustín al Evangelio de hoy. (Jn. 11 1-45) Por el milagro tan grande que relata, este pasaje evangélico se ha hecho tan célebre que no hay nadie, incluso entre los infieles, que no haya oído que Cristo resucitó a Lázaro. ¡Cuánto más conocido no será entre los fieles lo que ni los infieles han podido ignorar! Y, sin embargo, cuando se lee, el alma se renueva/re-crea como si se tratase de un espectáculo antes desconocido. Así, pues, no está fuera de lugar que también yo repita lo que suelo decir de esa resurrección. Ni tal vez les producirá repugnancia lo que voy a decir, pues con más frecuencia se repite en sus oídos esa lectura, antes que mi comentario sobre la misma. De hecho, si se lee en un día que no sea sábado o domingo, no se predica sobre ella. He dicho esto para que no desdeñén escuchar lo que voy a decir. Por tanto, que nadie diga: «Eso ya lo ha dicho», puesto que también el diácono lo ha leído y se le escuchó con agrado. Así, pues, escuchad. Hemo...
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Refutación del arrianismo en el comentario de San Agustín al Evangelio de hoy. (Jn. 9, 1 - 41) Como hemos escuchado cuando se leyó el Santo Evangelio, el Señor Jesús abrió los ojos a un ciego de nacimiento. Hermanos, si consideramos el castigo que traemos como herencia, el mundo entero está ciego. Si Cristo vino a iluminarnos, fue porque el diablo nos había cegado. El que engañó al primer hombre es el causante de que todos nazcan ciegos. Corran, pues, al que ilumina, corran, crean, reciban el barro hecho con Su saliva. La saliva es como la Palabra; la tierra, la carne. Laven la cara en la piscina de Siloé. Ahora bien, correspondió al evangelista explicarnos qué significa Siloé. Él mismo escribe:  significa «enviado » (Jn. 9, 4) .  Y ¿quién es el enviado ese sino el que dijo en la lectura:  Yo he venido para hacer las obras del que me ha enviado?  He aquí a Siloé: lávense la cara, bautícense para ser iluminados y para ver, ustedes que no veían antes. Como primera reac...
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 Comentario de San Agustín al Evangelio de hoy. (Jn. 4, 5-42) Poseemos las primicias del Espíritu  (Rom. 8, 23), y tal vez nos acercamos por otras vías a Aquel a quien amamos; y lo que con gran avidez hemos de comer y beber, lo probamos y gustamos ya ahora, aunque en pequeña medida. ¿Cómo lo probamos? No se trata de que Dios, a quien se nos manda amar y en quien se nos ordena regocijarnos, sea oro o plata, tierra o cielo, o esta luz del sol o cualquier cosa que brilla desde el cielo, o que, bañada de luz, resplandece en la tierra. Dios no es cuerpo alguno;  Dios es espíritu .  Por tanto  -dice-  quienes lo adoran, deben adorarlo en espíritu y en verdad   ( Jn. 4, 24) .  Dios no es cuerpo alguno;  Dios es espíritu .  No en lugar alguno corporal, porque no es cuerpo; no, por ejemplo, en una montaña elevada, donde podrías imaginar que te acercas más a Él por la altura misma del monte. Ciertamente el Señor está en las alturas, pero...
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 Comentario de San Agustín al Evangelio de hoy. Mt. 17, 1- 9. Cuando se leyó el Santo Evangelio, escuchamos el relato de la extraordinaria visión que tuvo lugar en la montaña, en la que el Señor Jesús se manifestó a tres de sus discípulos: Pedro, Santiago y Juan.  Su rostro resplandeció como el sol (Mt. 17, 2) : este hecho simboliza el resplandor del Evangelio.  Sus vestidos se volvieron blancos como la nieve (Mt. 17, 2) : este hecho simboliza la purificación de la Iglesia, a la que se dijo por medio del profeta:  Y aunque vuestros pecados sean como escarlata, los dejaré blancos como la nieve (Is.1, 18).  Elías y Moisés dialogaban con Él, porque la Gracia del Evangelio tiene el testimonio de la Ley y los Profetas. La Ley, personificada en Moisés, y los Profetas, en Elías, para decirlo brevemente. Contamos con los favores realizados por Dios mediante el Santo Mártir, que van a ser leídos.  Escuchemos. Quiso Pedro montar tres carpas, una para Moi...