14 de diciembre de 2025. Comentario de San Agustín al Evangelio de hoy. Mt. 11, 2-11
¿A eso se reduce toda la
alabanza?
¿La alabanza se ha
convertido en duda?
¿Qué dices, Juan? ¿A quién
hablas? ¿Qué hablas?
Hablas al Juez y hablas como
pregonero.
Tú extendiste el dedo, tú lo
mostraste, tú dijiste: He ahí el Cordero de Dios, he
ahí el que quita los pecados del mundo Jn. 1, 29.
Tú dijiste: Nosotros hemos recibido de su plenitud.
Jn. 1, 16.
Tú dijiste: No soy digno de desatar la correa de su sandalia
Jn. 1, 27.
¿Y ahora dices: Eres tú el que ha de venir, o tenemos que
esperar a otro?
¿Él no es el mismo de
siempre?
¿Y tú quién eres? ¿No eres
tú su precursor? ¿No se predijo de ti: He ahí que envío mi ángel
delante de ti, para prepararte el camino? Mt. 11, 10.
¿Cómo es que preparas el
camino, y tú te desvías de él?
Llegaron, pues, los
discípulos de Juan y el Señor les dijo: Id y decid a Juan: los ciegos
ven, los sordos oyen, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, a los
pobres se les anuncia la buena noticia, y dichoso el que no halle en mí motivo
de escándalo. Mt. 11, 4-6.
Ustedes no deben sospechar que
Juan halló motivo de escándalo en Cristo. Y sin embargo, ese parece ser el
tenor de las palabras: ¿Eres tú el que vienes?
Pregúntale a las obras: los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos
andan, los leprosos quedan limpios, los muertos resucitan, a los pobres se les
anuncia la buena noticia, y dichoso el que no halle en mí motivo de escándalo, ¿Y aún preguntas si soy yo?
Mis palabras —dice— son mis
obras. Vayan e informen.
Pero cuando ellos se
alejaron, para evitar que tal vez, alguno dijera: «Juan era antes bueno, pero
el Espíritu de Dios lo abandonó», dijo estas cosas después de partir ellos;
después que partieron los enviados por Juan, fue cuando Cristo alabó a Juan.
Del Sermón 66, 3.
De lo que acabo de decir,
ustedes mismos pueden deducir cuán grande es Juan el Bautista. La Iglesia no
celebró nunca el nacimiento carnal de ningún patriarca, profeta o apóstol; sólo
celebra dos nacimientos: el de Juan y el de Cristo.
Las mismas fechas en que
ambos nacieron anticipan un gran misterio. Juan era un gran hombre, pero hombre
al fin. Era un hombre tan grande, que cualquiera para ser más grande que él
debería ser Dios.
Del Sermón 287, 1.
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