23 de diciembre de 2025. Comentario de San Agustín al Evangelio de hoy (Lc. 1, 57-66) El nacimiento de San Juan Bautista
Hoy celebramos la solemnidad de San Juan, cuyo nacimiento escuchamos llenos de admiración cuando se leyó el Evangelio.
¡Cuál
será la gloria del Juez si es tan grande la del heraldo!
¡Cómo
será el camino que ha de venir si es tal quien lo prepara!
La
Iglesia considera en cierto modo sagrado el nacimiento de Juan.
No
se encuentra ningún otro entre los Padres cuyo nacimiento celebremos
solemnemente.
Celebramos
el nacimiento de Juan y el de Cristo, lo cual no puede carecer de significado,
y, aunque quizá yo sea incapaz de explicarlo como merece la grandeza del
asunto, da origen a pensamientos fructíferos y profundos.
Juan
nace de una anciana estéril, y Cristo de una jovencita virgen.
A
Juan lo da a luz la esterilidad, y a Cristo la virginidad.
En
el nacimiento de Juan, la edad de los padres no era la adecuada, y en el de
Cristo no hubo abrazo marital.
Juan
es anunciado proclamándolo un ángel; anunciándolo un ángel, es concebido
Cristo.
No
se da crédito al nacimiento de Juan, y su padre queda mudo; se cree el de
Cristo, y es concebido por la Fe.
Primero
llega la Fe al corazón de la Virgen; luego sigue la fecundidad en el seno de la
madre.
Y sin embargo, son casi las mismas las palabras de Zacarías y las de María.
Aquél, cuando el ángel le anunció a Juan, le dijo: ¿Cómo conoceré esto? Yo soy anciano y mi mujer ya está entrada en años.
Ésta dijo al ángel que le
anunció su futuro parto: ¿Cómo sucederá eso, pues no conozco varón?
Palabras
casi idénticas.
A Zacarías se le responde: Mira: quedarás mudo, sin poder hablar, hasta que acontezca lo dicho, por no haber creído mis palabras, que se realizarán a su tiempo.
A María, en cambio: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y
el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso lo que nazca de ti será
santo y será llamado Hijo de Dios.
Él
es reprendido, ella aleccionada.
A
él se le dice: Por no haber creído; a ella: «Recibe lo que
solicitaste».
Las
palabras son casi las mismas: ¿Cómo conoceré eso? y ¿Cómo
sucederá eso?
Pero
a quien escuchaba las palabras y veía el corazón no se le ocultaba éste.
Un
pensamiento se ocultaba debajo de cada una de estas expresiones; se ocultaba a
los hombres, no al ángel; mejor, no se le ocultaba a Quien hablaba por medio
del ángel.
Por
último, nace Juan cuando la luz del día comienza a disminuir y a crecer la
noche; Cristo nace cuando las noches decrecen y los días se alargan.
Y
como si el mismo Juan tuviese en su mente el simbolismo de los dos nacimientos,
dijo: Conviene que él crezca y yo mengüe.
Es
lo que he propuesto como objeto de investigación y lo que he anticipado como
tema de discusión. Os he anticipado esto; pero, si soy incapaz de escrutar toda
la profundidad de tan gran misterio por falta de luces o de tiempo, mejor os
enseñará quien habla dentro de vosotros incluso en ausencia mía, en Quien
pensáis devotamente, a Quien habéis recibido en el corazón, de quien habéis
sido hechos templo.
Juan,
pues, parece haber sido puesto como una especie de frontera entre los dos
Testamentos, el Antiguo y el Nuevo.
Que
él es, en cierta manera, una frontera, como acabo de afirmar, lo atestigua el
mismo Señor al decir: La ley y los profetas llegan hasta Juan bautista.
Es,
pues, la personificación de la antigüedad y el anuncio de la novedad.
En
atención a lo primero, nace de padres ancianos, y en atención a lo segundo, se
manifiesta como profeta ya en el seno de la madre.
Aun
antes de nacer exultó de gozo en el seno de su madre ante la llegada de Santa
María.
Ya
estaba designado allí; designado antes de nacer: se muestra de Quién iba ser
precursor, antes de ser visto por Él.
Son
misterios divinos y exceden la medida de la fragilidad humana. Por último,
nace, se le impone el nombre y se suelta la lengua del padre.
Procura
referir todo lo acontecido a una figura que signifique realidades; procura
solamente no negar la realidad de los hechos, porque, tal vez, logres decir lo
que significan.
Lo
realmente acontecido refiérelo a las realidades significadas y advierte un gran
misterio.
Calla
Zacarías, y pierde la voz hasta que nazca Juan, el precursor del Señor, y le
devuelva la voz.
¿Qué
significa el silencio de Zacarías sino una profecía misteriosa, que antes de la
predicación de Cristo se hallaba, en cierto modo, oculta y sin desvelar?
Con
su llegada se abre; se desvela al venir el profetizado. Esto es lo que
significa la recuperación del habla por parte de Zacarías en el nacimiento de
Juan: lo mismo que la escisión del velo en la crucifixión de Cristo.
Si
Juan se hubiese anunciado a sí mismo, no hubiese abierto la boca de Zacarías.
Se
suelta la lengua porque nace la voz.
En
efecto, cuando Juan anunciaba ya al Señor, se le preguntó: Tú ¿quién
eres?
Y
él respondió: Yo soy la voz del que clama en el desierto.
Del
Sermón 293.
Comentarios
Publicar un comentario