19 de enero de 2026. Evangelio de hoy. Mc. 2, 18 -22.



Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús:

"¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?".

Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo.

Llegará el momento en que el Esposo les será quitado, y entonces ayunarán.

Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande.

Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. 

 ¡A vino nuevo, odres nuevos!".


Comentario del Beato Juan van Ruysbroeck (1293-1381)

Las joyas de las bodas espirituales, prólogo



“El Esposo está con ellos”

“Llega el Esposo, salid a su encuentro” (Mt 25,6)...

Este esposo es Cristo y la esposa es la naturaleza humana, creada por Dios “a su imagen y semejanza”, (Gn 1,26) colocada por él, desde el principio en el lugar más digno, más bello, más rico y más fértil de la tierra, en el paraíso. Dios sometió todas las criaturas a la naturaleza humana, la colmó de gracias y le dio un mandamiento para que, guardándolo esté segura para siempre de la unión estable con su esposo, libre de todo sufrimiento, de toda pena y de toda falta.
Pero, he aquí que vino el maligno, el enemigo infernal que, lleno de envidia hacia la esposa, tomó forma de serpiente astuta y engañó a la mujer. Luego, los dos engañaron al hombre y así a toda la naturaleza humana. De este modo, el enemigo, por sus falsos consejos, sedujo a esta naturaleza humana, a la Esposa de Dios, que fue exiliada a una tierra extranjera, pobre y miserable, cautiva y oprimida...
Con todo, cuando Dios vio que el tiempo había llegado y cuando los sufrimientos de su esposa le llenaron de compasión, envió a su Hijo único.

Comentario de San Agustín. Del Sermón 272 B



Creo que la Caridad de ustedes sabe que la Iglesia celebra hoy la venida del Santo Espíritu del Señor.

En efecto, el Señor prometió enviar el Espíritu Santo a sus apóstoles y, fiel a su promesa, merecedora de toda credibilidad, cumplió ciertamente lo prometido.

La Resurrección del Señor confirmó la Fe de los hombres en la Divinidad de Quien se dignó hacerse hombre por nosotros.

De igual modo y en mayor grado, la confirmó Su Ascensión al cielo.

De forma más plena y perfecta aún, la confirmó el don del Espíritu Santo enviado por Él, don que llenó a sus discípulos, convertidos ya en odres nuevos para poder recibir el vino nuevo, razón por la cual, al hablar distintas lenguas, se los consideró borrachos y cargados de mosto Hch 2, 13.

La voz de los oyentes fue un testimonio en favor de la Escritura del Señor, pues Él había dicho: Nadie echa vino nuevo en odres viejos.

Preparaba, pues, un vino nuevo para los odres nuevos.

Eran odres viejos mientras pensaban, respecto a Cristo, según la carne; al odre viejo correspondía aquella frase del apóstol Pedro cuando a él, que temía que muriese Cristo, y, en consecuencia, pereciese como los demás hombres, le dijo el Señor: Aléjate satanás, pues eres un estorbo para mí. Mt. 16, 23.

Esta turbación de Pedro resultaba de ser odre viejo.

Mas cuando resucitó el Señor, se les apareció y palparon lo que habían llorado cuando pendía de la cruz; cuando vieron vivos los miembros por los que derramaron sus lágrimas cuando estaban muertos y fueron sepultados, se afianzaron en la Fe y creyeron en Él.

Sube al cielo, y les manda que se congreguen en un único lugar y que esperen allí hasta que les envíe Lo que les había prometido.

Reunidos en oración y deseando la promesa, se despojaron de la vetustez y se revistieron de la novedad.

Hechos ya capaces, recibieron el Espíritu Santo el día de Pentecostés.

Y no sin motivo celebramos esta fecha que encierra un misterio grandioso y evidente.

Advierta la santidad de ustedes, cómo van de común acuerdo las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento: en las primeras se prometió la Gracia, en las segundas se otorgó; en aquéllas estaba el símbolo, en éstas la Realidad.

Como un artista que ha de hacer las imágenes de otro metal -bronce o plata por ejemplo- compone antes en cera las figuras que luego ha de fundir, y este primer bosquejo marca el camino a lo que en el futuro será sólido -pues da forma al molde que luego ha de llenar-, así también el Señor delineó para el viejo pueblo y diseñó a grandes rasgos lo que realizó para el nuevo pueblo con una efusión perfecta.

Escuche la santidad de ustedes con mayor atención cuál es aquel bosquejo y cuál su realización en el día de Pentecostés.

El precio a pagar por ello es la atención; 

el hablar es fructífero cuando se escucha con atención.


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