Con todo, cuando Dios vio que el tiempo había llegado y cuando los sufrimientos de su esposa le llenaron de compasión, envió a su Hijo único.
Comentario de San Agustín. Del Sermón 272 B
Creo que la Caridad de ustedes sabe que la Iglesia celebra hoy la venida del Santo Espíritu del Señor.
En efecto, el Señor prometió
enviar el Espíritu Santo a sus apóstoles y, fiel a su promesa, merecedora de
toda credibilidad, cumplió ciertamente lo prometido.
La Resurrección del Señor
confirmó la Fe de los hombres en la Divinidad de Quien se dignó hacerse hombre
por nosotros.
De igual modo y en mayor
grado, la confirmó Su Ascensión al cielo.
De forma más plena y
perfecta aún, la confirmó el don del Espíritu Santo enviado por Él, don que
llenó a sus discípulos, convertidos ya en odres nuevos para poder recibir el
vino nuevo, razón por la cual, al hablar distintas lenguas, se los consideró
borrachos y cargados de mosto Hch 2, 13.
La voz de los oyentes fue un
testimonio en favor de la Escritura del Señor, pues Él había dicho: Nadie echa vino nuevo en odres viejos.
Preparaba, pues, un vino
nuevo para los odres nuevos.
Eran odres viejos mientras
pensaban, respecto a Cristo, según la carne; al odre viejo correspondía aquella
frase del apóstol Pedro cuando a él, que temía que muriese Cristo, y, en
consecuencia, pereciese como los demás hombres, le dijo el Señor: Aléjate satanás, pues eres un estorbo para mí. Mt. 16, 23.
Esta turbación de Pedro
resultaba de ser odre viejo.
Mas cuando resucitó el
Señor, se les apareció y palparon lo que habían llorado cuando pendía de la
cruz; cuando vieron vivos los miembros por los que derramaron sus lágrimas
cuando estaban muertos y fueron sepultados, se afianzaron en la Fe y creyeron
en Él.
Sube al cielo, y les manda
que se congreguen en un único lugar y que esperen allí hasta que les envíe Lo
que les había prometido.
Reunidos en oración y
deseando la promesa, se despojaron de la vetustez y se revistieron de la
novedad.
Hechos ya capaces,
recibieron el Espíritu Santo el día de Pentecostés.
Y no sin motivo celebramos
esta fecha que encierra un misterio grandioso y evidente.
Advierta la santidad de
ustedes, cómo van de común acuerdo las Escrituras del Antiguo y Nuevo
Testamento: en las primeras se prometió la Gracia, en las segundas se otorgó;
en aquéllas estaba el símbolo, en éstas la Realidad.
Como un artista que ha de
hacer las imágenes de otro metal -bronce o plata por ejemplo- compone antes en
cera las figuras que luego ha de fundir, y este primer bosquejo marca el camino
a lo que en el futuro será sólido -pues da forma al molde que luego ha de
llenar-, así también el Señor delineó para el viejo pueblo y diseñó a grandes
rasgos lo que realizó para el nuevo pueblo con una efusión perfecta.
Escuche la santidad de
ustedes con mayor atención cuál es aquel bosquejo y cuál su realización en el
día de Pentecostés.
El precio a pagar por ello
es la atención;
el hablar es fructífero cuando se escucha con atención.
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