Comentario de San Agustín al Evangelio de hoy. Mt. 3, 13-17. El Bautismo del Señor.
Juan era la voz; el Señor, en cambio, en el principio existía la Palabra (Jn. 1, 1)
Juan
es la voz temporal; Cristo, la Palabra eterna que existía en el principio.
Quita
la palabra; ¿en qué se convierte la voz? Cuando nada significa, es un ruido
vacío. La voz sin palabra golpea el aire, pero no edifica la mente.
Pero
consideremos cuál es el orden de ambas cosas en la misma edificación de nuestra
mente. Si pienso en algo para decirlo, ya está la palabra en mi mente; pero, si
quiero hablarte a ti, me preocupo de cómo podrá estar también en tu mente lo
que ya está en la mía.
Buscando
el modo por el cuál puedo llegar a ti y plantar en tu mente la palabra que ya
está en la mía, asumo la voz, y, una vez asumida, te hablo. El sonido de la voz
te conduce hasta la comprensión de la palabra; y, una vez que ha cumplido esta
función, el sonido pasa, pero la palabra que el sonido llevó hasta ti está ya
en tu mente sin haberse alejado de la mía. Una vez que el sonido ha trasladado
la palabra hasta ti, ¿no parece que el mismo te dice: Conviene que ella
crezca y que yo mengüe? (Jn. 3, 30)
El
sonido de la voz resonó para cumplir un servicio y se alejó como
diciendo: Este gozo mío se ha cumplido. (Jn. 3, 39)
Retengamos
la palabra; no perdamos la palabra recogida en el fondo de nuestro ser.
¿Quieres
ver la voz que pasa y la divinidad de la Palabra que permanece? ¿Dónde queda
ahora el bautismo de Juan?
Cumplió
su función y desapareció; el Bautismo de Cristo se repite ahora.
Todos
creemos en Cristo, esperamos de él la salvación. Esto mismo lo dijo la voz.
Pero como es difícil distinguir la palabra de la voz, hasta el mismo Juan fue
considerado como el Cristo.
La
voz fue confundida con la Palabra; pero la voz se conoció a sí misma para no
ofender a la Palabra.
No soy —dice—, el Cristo, ni Elías, ni el Profeta.
Le
respondieron:
—Entonces,
¿quién eres tú?— Yo soy —dice— la voz del que clama en el desierto:
«Preparad el camino al Señor». (Jn. 1, 22)
La
voz del que clama en el desierto, la voz del que rompe el
silencio.
Preparad
el camino al Señor: como si dijera:
«Mi
sonido va dirigido a hacer que Él entre en los corazones; pero no se dignará
venir al lugar donde yo quiero introducirlo a no ser que le preparéis el
camino».
¿Qué
significa: Preparadle el camino, sino: «Suplicadle como es
debido»?
¿Qué
significa: Preparadle el camino, sino: «Tened pensamientos de
humildad»?
Recibid
de él el ejemplo de humildad. Lo toman por Cristo, y dice que no es aquel por
quien lo toman; no se apropia del error ajeno ni siquiera para alimentar su
orgullo.
Si
hubiese dicho que era Él, ¡qué fácilmente hubiesen creído a quien ya creían que
lo era antes de decir nada Él!
Pero
no lo dijo; reconoció quién era, se diferenció de Cristo, se humilló.
Vio
dónde tenía su salvación; comprendió que era una lámpara,
y
temió que el viento de la soberbia la apagara.
Del Sermón 293, 3.
La pregunta que no dejo de hacerme todos los días es cómo un ser humano pudo llegar a escribir semejante manifestación de perfección.
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