Recurrentemente vuelvo sobre la dramática coherencia entre las ideas expuestas por Javier Milei durante la campaña electoral y las que expresa desde que llegó al poder.
Como cuando para estas Fiestas
les regaló a sus funcionarios el libro de su admirado anarcocapitalista Walter
Block. Un texto que revela con transparencia los principios que siempre
enarboló, aunque choquen con los valores y normativas vigentes. O esta semana,
cuando con su coherente desdén por el cambio climático y la inversión estatal,
se mostró alejado del drama de los incendios en el Sur.
Anti-Estado. Es
cierto que existen sectores anarquistas que lo critican porque sostienen que su
modelo económico no es libertario. Son casos como los del alemán Hans Hermann
Hoppe, a quien Milei tanto elogiaba; o, a nivel local, el de Diego Giacomini,
que fue quien lo introdujo en la Escuela Austríaca. Lo acusan fundamentalmente
porque, tras dos años, no acabó con el Estado. Un principio básico de esa
doctrina.
Sin embargo, el Presidente
explicó durante la campaña que para llegar al objetivo anarquista se debía
pasar antes por una transición minarquista: una destrucción paulatina para
alcanzar un Estado mínimo que resulte la antesala de su eliminación total.
Su desprecio por el rol del
Estado nacional en torno a los incendios del Sur es similar a su actitud, a las
pocas horas de asumir la presidencia, con la inundación en Bahía Blanca que
ocasionó 16 muertos y miles de evacuados: desligó la responsabilidad en las
autoridades provinciales.
La única diferencia es que
aquella vez viajó al lugar de la tragedia y ahora no. El único acompañamiento
fue la imagen falsa que publicó, en la que se imagina saludando a un bombero
entre llamas. Lo que nunca ocurrió.
Esto también es coherente con
que los temas medioambientales no son una prioridad para quien viene a destruir
a un Estado que hasta ahora se decía obligado a ocuparse de ellos.
Poco antes de asumir la
presidencia había anticipado en un acto en la Sociedad Rural: “Una empresa
puede contaminar el río todo lo que quiera… ¿Dónde está el problema? El
problema radica en que no hay derechos de propiedad sobre el agua. Cuando falte
el agua, alguien va a ver un negocio ahí y va a reclamar los derechos de
propiedad. Van a ver cómo entonces sí se termina la contaminación”.
Su promesa de destrucción
paulatina del Estado también la está cumpliendo en este caso.
En 2024, el Gobierno solo
ejecutó el 22% del presupuesto asignado al Servicio Nacional de Manejo del
Fuego. En 2025 dejó sin ejecutar el 25% de los recursos asignados y para 2026
plantea una reducción del 71% sobre el año anterior. Son datos de la Fundación
de Ambientes y Recursos Naturales, una ONG activa desde 1985 en la Argentina.
Su último informe señala que entre 2024 y 2025 los incendios se cuadruplicaron,
llegando a casi 32 mil hectáreas destruidas. Este 2026 anticipa un resultado
aún peor.
Pro-Estado. Pero
aun reconociéndole su coherencia destructiva, es cierto que algunas críticas de
sus colegas libertarios son atendibles.
Es que para alguien como él, que
es capaz de avanzar en la desarticulación estatal en áreas sensibles como
Salud, Educación y Medio Ambiente; y que dejó de invertir en Obras Públicas,
cerró organismos oficiales, desfinanció al Estado, redujo su plantilla laboral
y los salarios del sector, resulta sorprendente el crecimiento que en otros
ámbitos alcanzó el aparato estatal.
Esta semana ingresó al Congreso
el decreto que empodera a la SIDE como el principal órgano de un nuevo Sistema
de Inteligencia Nacional. Además de los refuerzos presupuestarios que ya
recibió el año pasado, el organismo controlado políticamente por Santiago
Caputo tendrá la capacidad de detener a personas sin orden judicial, algo hasta
ahora prohibido. También se le permitirá requerir la asistencia técnica y
logística de las Fuerzas Armadas y de Seguridad y se habilitarán tareas de
inteligencia para prevenir “fuga de información clasificada”. Un aviso para los
periodistas que pretendan investigar a los funcionarios.
Todo esto vía un decreto de
necesidad y urgencia (el Congreso evaluará si es necesario y urgente) con el
que se pretende reemplazar la ley 25.520, sancionada en su momento con un gran
consenso.
Antianarco. Es
justamente en materia de seguridad en donde aparece la mayor contradicción
entre un anarquista que dice bregar por la desaparición del Estado y sus
fuerzas represivas, y el mismo que en estos dos años revitalizó como ningún
otro gobierno democrático el poder de policía estatal.
Es la contradicción de fondo de
quien fue votado para ser jefe de Estado, habiendo hecho campaña anticipándoles
a sus votantes que pretendía destruir el Estado que debía conducir.
Hope se siente autorizado a
criticar a Milei por haber recibido tantos elogios de su parte. Lo califica de
“showman” y “payaso”, lo acusa de apoyar al presidente más proteccionista y
militarista de la Tierra (Trump), y sostiene que cualquiera que haya estudiado
a Rothbard (Hope fue su discípulo) sabe que las Fuerzas Armadas y de Seguridad
deberían extinguirse para ser reemplazadas por empresas privadas.
Por el contrario, Milei y su
exministra Patricia Bullrich llevaron a la práctica un Protocolo de Seguridad
(la Justicia lo declaró nulo antes de la feria y el Gobierno lo ratificó) que
les permite actuar a las fuerzas públicas con una determinación nunca antes
vista. De hecho, mucho más intervencionista que la de los gobiernos que
reivindican al Estado, pero que siempre prefirieron dejar que en las calles
operara la ley del mercado. Que, en la vía pública, suele ser la ley del más
fuerte.
Gustave de Molinari, para
algunos el primer anarcocapitalista, creía que el monopolio estatal sobre la
seguridad solo le genera un alto costo a la sociedad, que a cambio recibe un
servicio de mala calidad. Sostenía que, para un libertario, o bien eso era
cierto o los principios en los que se basa el resto de su doctrina no eran
válidos.
Rothbard decía que otorgarle ese
poder al Estado era legitimar a una organización delictiva, bajo el principio
de que todo Estado les roba a sus ciudadanos a través del pago de impuestos.
Para Milei: ¿el Estado roba y
debe desaparecer o hay que hacerlo crecer?
Estado garrote. La
idea mileísta de un Estado mínimo como paso previo a su extinción también se
contrapone con la construcción de un aparato de comunicación estatal que hasta
hace empalidecer al del kirchnerismo. Y a diferencia de las anteriores
administraciones que informaban sobre los recursos y destinatarios de la
publicidad oficial, tanto este gobierno como las empresas que controla no
transparentan esa información.
Pero según el sitio Chequeado,
solo YPF invirtió en el primer semestre de 2025 $ 54 mil millones, una de las
mayores cifras desde su reestatización. Con ese dinero se alimenta la máquina
mediática oficial y paraoficial en todas las plataformas. Siempre bajo la
amenaza, implícita y explícita, de perder esos fondos.
El Teorema del Apriete estatal
es conocido entre medios y periodistas. La publicidad de YPF es inversamente
proporcional al sentido crítico. A más pauta, menos críticas al Gobierno.
Cuando los aprietes no
funcionan, no hay publicidad. Que es lo que les pasa a los medios de Perfil. La
misma discriminación que esta editorial sufrió en los 12 años de kirchnerismo y
que derivó en un ejemplar fallo de la Justicia condenando al Estado.
A ese Estado que, para usos como
este, un anarcocapitalista como Milei defiende e incrementa.
Es el lado estatista del hombre
que quiere destruir al Estado, pero que –en el mientras tanto– lo utiliza como
herramienta de control y castigo.
El doble estándar de Milei | Perfil
FANTAIRRACIONALIDAD, sería tal vez un neologismo adecuado para poder digerir todo lo expresado en este notable artículo.
ResponderEliminarEn cuanto a la creación de la nueva ABERRASIDE que no es precisamente ninguna fantasía, cfr. el notable artículo de Joaquín Morales Solá: https://www.lanacion.com.ar/opinion/milei-los-espias-y-la-libertad-de-los-argentinos-nid11012026/