Comentario de San Agustín al Evangelio de hoy. Mt. 17, 1- 9.
Cuando se leyó el Santo Evangelio, escuchamos el relato de la extraordinaria visión que tuvo lugar en la montaña, en la que el Señor Jesús se manifestó a tres de sus discípulos: Pedro, Santiago y Juan.
Su rostro
resplandeció como el sol (Mt. 17, 2):
este hecho simboliza el resplandor del Evangelio.
Sus vestidos se
volvieron blancos como la nieve (Mt. 17, 2): este hecho simboliza la purificación de la Iglesia, a la que se dijo
por medio del profeta: Y aunque
vuestros pecados sean como escarlata, los dejaré blancos como la nieve (Is.1, 18).
Elías y Moisés dialogaban
con Él, porque la Gracia del Evangelio tiene el testimonio de la Ley y los
Profetas.
La Ley, personificada en
Moisés, y los Profetas, en Elías, para decirlo brevemente.
Contamos con los favores realizados por Dios mediante el Santo Mártir, que van a ser leídos.
Escuchemos.
Quiso Pedro montar tres
carpas, una para Moisés, otra para Elías y otra para Cristo.
Hastiado del tumulto
originado por los asuntos humanos, le deleitaba la soledad de la montaña.
Pero, ¿por qué buscaba armar
tres carpas, sino porque no conocía todavía la unidad entre la Ley, la Profecía
y el Evangelio?
Entonces fue corregido por la
nube.
Mientras decía
esto —refiere—, he aquí que una nube refulgente los
cubrió (Mt. 17, 5).
Adviertan entonces, cómo la
nube hizo una sola tienda; y tú, ¿por qué buscabas levantar tres?
Y una voz desde la
nube dijo «Este es Mi Hijo amado, en quien me he complacido; a Éste escuchadle»
(Mt. 17, 5).
Habla Elías, pero escuchad a Éste.
Habla Moisés, pero escuchad a Éste.
Hablan los Profetas, habla
la Ley, pero escuchad a Éste, Voz
de la Ley y Lengua de los Profetas.
En ellos se lo oyó a Él;
personalmente se apareció cuando lo tuvo a bien.
Escuchad a Éste, escuchémoslo.
Cuando hablaba el Evangelio,
piensen que era la nube. De ella nos llegó la Voz. Escuchémoslo; hagamos lo que
nos manda y esperemos lo que nos prometió.
Del Sermón 79.
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