23 de abril de 2026, SAN JORGE, MÁRTIR, PATRONO DE
INGLATERRA (¿303? P.C.)
LA VIDA de San Jorge se popularizó en Europa durante la
Edad Media, en la forma en que la presentó el Beato Jacobo de Vorágine en la
"Leyenda Aurea". William Caxton tradujo dicha obra al inglés y la
publicó.
En ella se cuenta que San Jorge era un caballero cristiano, originario de Capadocia. Un día en que cabalgaba por la provincia de Lidia, llegó a una ciudad llamada Silene, cerca de la cual había un pantano.
Ahí habitaba un dragón "que asolaba toda la región". La población entera se había reunido para darle muerte, pero el aliento de la monstruosa fiera era tan terrible, que nadie se atrevió a acercársele. Para evitar que atacase la ciudad, le arrojaban todos los días algunos corderos; pero cuando se agotaron los animales, hubo que sustituirlos con seres humanos. Las víctimas se escogían por sorteo. Cuando San Jorge llegó a la ciudad, la elección había recaído sobre la hija del rey.
Como nadie se prestó para sustituir a la princesa, ésta tuvo que salir al encuentro del dragón, vestida de novia. Pero San Jorge se adelantó hacia la fiera y la atravesó con su lanza. En seguida pidió a la princesa su ceñidor, lo ató al pescuezo del monstruo y lo entregó a la joven quien lo llevó cautivo a la ciudad. "El dragón siguió a la princesa como un perrito". El pueblo sobrecogido de temor se disponía ya a huir, cuando San Jorge dijo que bastaba con que creyesen en Jesucristo y se bautizasen para que el dragón muriese. El rey y sus súbditos aceptaron al punto y el monstruo murió. Hubo que emplear cuatro carros tirados por bueyes para trasportar el cadáver del dragón al pudridero. "Hubo pues, unos veinte mil bautismos, sin contar los de las mujeres y los niños".
El rey ofreció grandes riquezas a San Jorge, quien le
pidió que las diese a los pobres. Antes de partir, el santo caballero formuló
cuatro deseos: que el rey mantuviese las iglesias, honrase a los sacerdotes,
asistiese sin falta a los oficios religiosos y se mostrase compasivo con los
pobres.
Por entonces estalló la cruel persecución de Diocleciano y Maximiano.
San Jorge, para alentar a los que vacilaban en la Fe, empezó a gritar en una plaza pública: "Todos los dioses de los paganos y gentiles son demonios. Mi Dios, que creó los cielos y la tierra, es el verdadero Dios." Daciano, el preboste, lo mandó arrestar. Como no consiguiese moverlo con promesas, ordenó a los verdugos que lo azotasen y lo torturasen con hierros al rojo vivo. Pero Dios curó, durante la noche, las heridas del caballero. Entonces, Daciano ordenó a un mago que prepararse una pócima para envenenar al santo, pero el veneno no hizo su efecto. El mago se convirtió y murió mártir. El tirano intentó después dar muerte a San Jorge, aplastándole entre dos piedras erizadas y sumergiéndolo en un caldero de plomo derretido; pero todo fue en vano. Viendo esto, Daciano recurrió nuevamente a las promesas.
San Jorge fingió que estaba dispuesto a ofrecer sacrificios a los ídolos. Todo el pueblo se reunió en el templo para presenciar la rendición del osado detractor de los dioses. Pero San Jorge se puso en oración, y al punto bajó del cielo una llama que consumió a los ídolos y a los sacerdotes paganos, y la tierra se abrió para tragarlos.
La mujer de Daciano, que había presenciado la escena, se convirtió; pero Daciano mandó decapitar al santo. La sentencia se llevó a cabo sin dificultad. Cuando volvía del sitio de la ejecución, Daciano fue consumido por el fuego que bajó del cielo.
Aquí no hemos hecho más que dar una versión bastante sobria de las actas de San Jorge, que se popularizaron desde muy antiguo en Europa en diferentes formas. Notemos que la leyenda del dragón, aunque ocupa un lugar tan prominente, es una adición no anterior al siglo XII. Con ello caen por tierra las hipótesis de quienes presentan la leyenda de San Jorge como una reliquia de la mitología pagana; según dichos autores, San Jorge no era más que otra personificación de Teseo, quien venció al minotauro, o de Hércules, el vencedor de la hidra de Lerena.
Todo nos induce, en realidad, a pensar que San Jorge fue verdaderamente un mártir de Dióspolis (es decir, Lida) de Palestina, probablemente anterior a la época de Constantino. Fuera de eso, nada podemos afirmar con certeza. El culto de San Jorge es muy antiguo. Su nombre no aparece en el "Breviario" sirio, pero el Hieronymianum le menciona el 25 de abril y sitúa su martirio en Dióspolis. Los peregrinos del siglo VI al VIII, como Teodosio, el llamado Antonino y Arculfo, dicen que el centro del culto a San Jorge y el sitio donde se hallaban sus reliquias era Lida o Dióspolis.
La idea de que San Jorge era originario de Capadocia y de que sus actas habían sido escritas ahí "proviene sin duda alguna de un copista que le confundió con el célebre Jorge de Capadocia, d .arriano enemigo de San Atanasio que se apoderó de la sede de Alejandría." (P. H. Delahaye)
No se sabe exactamente cómo llegó a ser San Jorge patrón de Inglaterra.
Ciertamente, su nombre era ya conocido en las Islas Británicas antes de la conquista de los normandos. El "Félire" de Oengus menciona el 23 de abril a "Jorge, sol de victoria, con otros treinta mil"; y el abad Aelfrico narra toda la extravagante leyenda en una homilía en verso.
Guillermo de Malmesbury afirma que los santos Jorge y Demetrio, "los caballeros mártires", lucharon en las filas de los francos en Antioquía, en 1098. En todo caso, es muy probable que los cruzados y especialmente Ricardo I, hayan vuelto del oriente con una idea muy elevada sobre el poder de intercesión de San Jorge.
En el sínodo nacional de Oxford de 1222, se incluyó la fiesta de San Jorge entre las festividades menores. En 1415 el arzobispo Chichele la convirtió en una de las principales.
En el intervalo, el rey Eduardo III había fundado la Orden de la Charretera, de la que San Jorge ha sido siempre el patrón.
En los siglos XVII y XVIII, hasta 1778, la fiesta de San Jorge era de obligación en Inglaterra.
El Papa Benedicto XIV nombró al santo Protector de Inglaterra.
En 1960 la Sagrada Congregación de Ritos suprimió del calendario la fiesta de San Jorge.
Vida de los santos de Butler. Tomo II
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