Comentario de San Agustín al Evangelio de hoy.  Jn 20, 19-31



Cuando se leyó el Evangelio, vuestra Caridad oyó que Jesucristo Nuestro Señor y Salvador entró después de su Resurrección, estando cerradas las puertas, al lugar en que se encontraban sus discípulos. Jn 20 19-26.

Milagro grandioso; pero dejarás de extrañarte si piensas que está Dios en medio.

Sería, en efecto, algo admirable de haberlo hecho quien era solo un hombre.

Refiérelo a la Omnipotencia, no lo tomes por una fantasía. (Referer ad omnipotentiam, non ad phantasiam)

Entró estando cerradas las puertas. Lo que te digo es esto: para que sepas que su carne era verdadera, mostró las cicatrices a fin de que las tocaran. Pero —dices— igual que no es propio de la naturaleza de los cuerpos entrar a través de puertas cerrada, así tampoco lo es caminar sobre las olas del mar. Mt. 14, 26.

—Entró a través de puertas cerradas; respóndeme y muéstrame la solidez de la carne.

—Caminó sobre las aguas del mar; muéstrame tú también el peso de la carne.

—¿Quieres saber que eso fue obra de la omnipotencia? Se lo concedió también a Pedro. Mt. 14, 29.

Él otorgó lo que quiso, reservándose lo que le era propio.

Quien al nacer no violó la integridad de su madre, fue el mismo que entró en vida a través de las puertas cerradas. (qui nascendo integritatem matris non violavit)

Por tanto, hermanos, llenos de admiración, creamos; creyendo, obedezcamos; obedeciendo, esperemos lo prometido, si cumplimos con lo mandado, porque Aquel de quien esperamos lo prometido nos ayuda a cumplir con lo mandado.

Del Sermón 376

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